miércoles, 24 de agosto de 2016

LA TRADICIÓN

Tino Rodríguez

El ayuntamiento de Tordesillas por fin se ha pronunciado, este martes 13 de septiembre se celebrará el primer Toro de la Peña, sustituyendo al tradicional torneo de la lidia del Toro de la Vega, tan popular -e infame- entre los diversos municipios de este país. La noticia además va acompañada del anuncio de que este año en Tordesillas no se realizarán ni rejones ni corridas de toros,  es decir, que no habrá festejos que conlleven la muerte de un astado en la plaza de toros. Asímismo, la tradicional subasta del arrastre, esto es arrastrar los toros muertos tras la corrida, ha dejado de tener sentido, y se pondrá en subasta el puesto de areneros, aquellos que mantienen la arena lisa de la plaza.
Todo esto me ha hecho pensar muy seriamente en el futuro que le puede deparar a Tordesillas, y, esto depende fundamentalmente de los propios tordesillanos. El rumbo que parece que ha tomado el consistorio local es el de ser pioneros en la adaptación de la fiesta nacional a estos nuevos tiempos que corren, con una población mucho más volcada en contra del maltrato animal, al menos, en la mayoría del territorio del país- y si no es así, al menos con el altavoz más grande. Pero tras tanta esperanza de que cambiaran las cosas en las últimas elecciones, y con la manía que tenemos de que todo siga igual, me hallo expectante. La comunidad taurina en Castilla tiene mucha fuerza, y es muy reacia a cambios, lo que pudiera ser tomado como un puente entre los festejos taurinos tradicionales, y estos nuevos festejos que no acaban con la muerte de un astado, para este lobbysería un ultraje hacia las más españolas y nobles tradiciones. Por último, hay que tener en cuenta el colectivo antitaurino, que también debe aportar a este acuerdo tácito de progresión de la tradición. Lejos de vanagloriarse de las victorias que están consiguiendo -victorias un tanto electoralistas, puesto que sigue siendo un decretazo del PP castellanoleonés- deberían acercar posturas, mostrar alegría por la evolución que está teniendo la tauromaquia y evitar personalismos, para tratar de mitigar la llama de esta guerra tan absurda.
Me llena de esperanza la idea de que el gentilicio “tordesillano” pueda pasar de ser un estigma a nivel nacional, a un ejemplo de como se puede adaptar una tradición de siglos a los nuevos tiempos que corren, pero, en el fondo tengo la sensación de que todo seguirá igual, siguiendo la auténtica tradición española.


jueves, 18 de agosto de 2016

REFLEXIONES HELÉNICAS

La verdad es que apenas un par de semanas después de mi llegada a Grecia han sido muchas las cosas que no esperaba encontrarme, o al menos no de esa forma, y que realmente me han sorprendido.

La primera de ellas que llama la atenci
ón es desde luego la más evidente, y es un nivel de vida generalizado muy cercano a la probreza, o incluso sobrepasándola. Niños, tullidos, ancianos pidiendo limosna, calles sin asfaltar desde hace un lustro, negocios cerrados, y edificios públicos abandonados a su suerte donde poco debe de faltar para que la naturaleza se abra paso y empiecen a criarse corzos libremente en su interior.



Es conocido por otro lado el 
Índice Big Mac, el cual consiste en comparar los precios de esta hamburguesa de McDonald's en cada país alrededor del mundo para hacerse una idea aproximada del coste de la vida en cada uno de ellos. Yo tengo otro, y es con el alcohol. Y resulta muy llamativo que en un país donde en principio el coste de la vida es menor que en España, el alcohol cueste prácticamente el doble. En torno a los 22€ una botella de vozka Absolut o de Havana Club 3 años de 0'70 litros, que en España suelen rodar los 12€. Especialmente para un país en crisis esto resulta extraño, cuanta más miseria, más drogada necesitas a la gente. Eso o se te revoluciona. Es de manual. Pero poco tardé en comprobar que el alcohol tenía perfectos sustitutos. No sé lo que será, sospecho que algo más barato y aún más tóxico que la heroína, pero las noches esn llenas de auténticos zombis que apenas se sostienen en pie, e incluso no es difícil ver jóvenes agonizando en las calles víctimas de esas agujas.




Pero quiz
ás hay un elemento que resulta clave, el cuál no es tan evidente a ojos de muchos, pero que ayuda a comprender la situación. Y ese es la incapacidad de las instituciones griegas de hacerse valer. Desde todo punto de vista, ya sea recaudatorio, de orden público, o incluso, como anécdota, a la hora de que los motoristas hagan uso del casco. Las leyes claro está que existen, pero el gobierno no tiene la capacidad de hacerlas cumplir. Gracias a un 24% de IVA (en España hasta hace poco era del 16%) consiguen que en pocos sitios admitan tarjetas de crédito, con la tentación al fraude que el uso del cash supone. Existen barrios a los que la policía tiene serios problemas para acceder. Y en cuanto a los cascos de los motoristas... probablemente las instituciones griegas tengan mayores problemas que requieran de su atención.

Las razones pueden estar discutidas, a mi entender, y entre otros factores, ha sido tal el grado de falta de legitimidad de los sucesivos gobiernos colaboracionistas al frente de las instituciones del pa
ís lo que ha logrado que surjan auténticos poderes paralelos a los del Estado. La legitimidad puede ser un concepto teórico, pero el ejercicio del poder no lo es.

Y precisamente lo curioso del caso giego es que esos poderes paralelos no son sólo mercados, divisas y finanzas, sino tambi
én proyectos emanados desde la propia ciudadanía. La oposición en las calles es enorme, y el tejido asociativo también lo es. De aquí en adelante puede pasar cualquier cosa en el país, pero la situación no es sostenible, la fractura social es tremenda, y como ya decían los chinos desde hace años, una sola chispa basta para incendiar la pradera.


Atenas, Agosto 2016

Carlos García es economista por la Universidad de Salamanca, y autor del
"
¿¡Qué pasa con mi dinero!?: Una guía de emergencia para comprender los mercados financieros."